
Tez blanquecina y ojos cansados,
ojos de no dormir, ojos hinchados,
ojos que velan cada noche sin un claro motivo,
mirada pérdida en el horizonte, como buscando algo que nunca llega,
suspirando de esperanza aquella princesa en lo alto de su torre,
dando vueltas sus pies y su cabeza una y otra vez recorriendo la habitación cada vez más estrecha.
La princesa, asomada como todas en otros cuentos hacen, apoyada en una ventana menos bella y sin pájaros cantando,soñando con un final feliz como tantos que conoce, puso un violento fin a sus noches.
Pues de tantas damiselas rescatadas nos hablaron, que de aquellas olvidadas se olvidaron.
Aquellas princesas sin príncipe , sin reino y sin corona.
Aquellas princesas sin vestidos ni perdices.
¿Qué fue de ellas, y porque a tan pocas mencionaron?
Acaso es que esas princesas no son tan bellas,
quizás no son simpáticas o carecen de carisma,
puede que estas no tengan la voz dulce y los cabellos brillantes,
y quizás los animales no las hablen.
Pero no se si por ello estuvo bien olvidarlas, al fin y al cabo todas ellas son princesas.
Algunas por sus familias marcadas,
otras por desdichados caballeros sin titulo humilladas,
Princesas manchadas de sangre y tristeza, tan tristes que los libros para niños no quisieron brindarlas un hueco.
Pensemos un segundo en cada princesa, que en cada barrio se esconde, que cada día se levanta y lucha, sin tacones de cristal que hagan más fácil su vida.
Pensemos en ellas pues más que las que ya conocemos lo merecen.
Hagamos un hueco en los cuentos para que ellas por sus logros y desdichas también hagan historia.
Que griten todas las princesas ocultas que algún día sintieron su torre derrumbarse, que sigan buscando su feliz final aun sin hada madrina y sin varita que las contemplen.
Que todas sigan marcando a paso firme su propia fábula sin espejos mágicos que las recuerden que a veces ellas también pueden ser las más bellas del reino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario