
Fuertes y firmes.
Claras y saladas pueden resurgir entre los pensamientos, no importa sin son amargos o nos llenan de alegría.
Tímidas y huidizas de miradas que hieren el orgullo, caen.
Inundan el alma hueca de tristeza acomodando los sentimientos entre el agua que rebosan.
Alivian y purifican errores de la vida.
Inevitables e incontrolables se desbordan de los ojos.
Innumerables, incontables se juntan unas con otras formando un mar sobre el rostro.
Sorprenden mostrando los recovecos del corazón ante quien no logra verlos.
Engañan al inocente si no son sinceras.
Amparan si es merecido.
Son secadas con besos y abrazos de amor.
Absorben las fuerzas nublando la vista y la razón.
Acunan noches vacías en vela.
Despiden amores injustos que parten a lugares lejanos.
Acaban películas de tristes finales.
Desafían la tinta negra unida a las pestañas tristes de una dama, volviéndose oscuras en su desliz.
Gritan y sollozan para ser apiadadas en momentos de perdón.
Llenas de dolor y sufrimiento, de perdidas.
Hambrientas.
Empapadas de soledad.
Atrapadas en la locura de la incomprensión.
Inocentes en la infancia.
Se descontrolan hasta el punto de no dejar de caer y caer hasta ahogar todas las penas en ellas.
No siempre apaciguan, pues a veces solo logran hacernos sentir más desdichados.
Los ojos rojos e hinchados de llorar, las lágrimas son nuestras compañeras de viaje...
No hay comentarios:
Publicar un comentario