
Algo tan simple como reparar un alógeno en la tienda de animales me hizo divagar mucho en poco tiempo.
Caminaba por aquel pasillo lleno de urnas, siempre que entro en esa tienda cotilleo con curiosidad porque siempre tienen algún bicho diferente, una mirada rápida mientras espero a que me atiendan.
Hoy ha sido diferente, miraba las urnas detenidamente una tras otra y me sentí extraña al encontrarlas todas vacías, las plantas de siempre pero ni un solo movimiento.
Volví de nuevo al mostrador y al ver que el hombre desaliñado de pelos extravagantes seguía concentrado con el destornillador en la mano decidí echar otro vistazo rapidito.
Esta vez no miré, observé, y allí estaban, bichos en cada urna, ocultos entre el húmedo verdor, en cada uno de sus cuartos de cristal, camaleones grandes que me asombraron ante la idea imposible de no haberlos visto antes, urnas pequeñas con ranas de colores amarillas, verdes, rojas, increíblemente llamativas, y por ultimo una enorme pitón color tierra escondida entre unos troncos.
Así es como vivimos, incapaces de ver nuestra vida por encima y captar todos y cada uno de los infinitos detalles que la completan, necesitamos toda la eternidad para profundizar poco a poco desde el mas pequeño a el mas grande.
Nada es lo que parece, aquello que ayer nos pareció el universo mañana será una mota de polvo olvidada, aquello que ayer nos pareció simple polvo mañana será más que el universo.
Nada.
Nada.
Nada.
Todo…
La primera vez que mire, no preste atención no supe apreciar lo que mis ojos ansiaban captar, la segunda vez descubrí un mundo.
Por eso necesitamos alimentarnos de los años y la experiencia, porque esto solo se escenifica en un instante y me temo que la madurez para ver todo tal y como es, no tenemos suficiente tiempo para aprenderla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario